15/2/09

Paraíso


Solo hay una experiencia comparable a pasar un par de horas en el cine, pasarlas en una librería. Cada día hay menos cines dignos de ese nombre, casi no quedan, por no quedar ni quedan los Alphaville de Madrid; librerías quedan algunas. Libreros, menos. Dignos de ese nombre quiero decir. Una pequeña librería de viejo de Aix-en-Provence -espero que haya sobrevivido- se llama Les heurs lentes. Las horas lentas, he ahí la promesa de una librería.


La memoria de algunos libros va unida a las librerías en que los encontré. Por ejemplo, me acuerdo de una librería-papelería de Pontevedra, la Martínez Gendra, que ya no existe, por lo menos donde estaba, y donde me cogieron robando a mis quince años Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, en la edición de Losada, aquellos libros blancos y de tacto rugoso. Costaba 60 pts, o sea menos de 0,50 euros.



O la Xuntanza, también en Pontevedra, una librería pequeñita donde experimenté por primera vez el respeto como lector, de la misma manera que en La Hune de París sentí el respeto como cinéfilo, pero eso tendría que esperar diez años. En la Xuntanza encontré la Antología poética de Maiacovski –escrito así en la cubierta, en la portada y cada vez que se menciona al poeta en el libro- también de la editorial Losada, tengo el libro conmigo y lleva escrita la fecha en que lo compré, el 30 de noviembre del 74. Aún recuerdo aquellos versos: Ya no entraré en el oscuro pasillo de tu casa,/ con las manos temblando./ Saldré por fin,/ y arrojaré mi cuerpo a la calle,/ salvaje,/ enloquecido,/ desgarrándome desesperado, del poema A Lilita.


Valdimir Maiakovski

Conocí a Maiakovski gracias a una conferencia de Torrente Ballester, donde nos dijo que los mayores poetas del siglo XX eran Maiakovski y Pessoa. No conocía a ninguno de los dos. De Pessoa no tenían nada en la Xuntanza, creo que tampoco les sonaba ninguno de sus heterónimos, pero un compañero iba a pasar las navidades con sus padres que vivían en Lisboa y a la vuelta me trajo un libro de poemas de Alberto Caeiro: Não tenho ambições nem desejos.Ser poeta não é uma ambição minha,/ É a minha maneira de estar sozinho.


Librería japonesa, siglo XVIII

La librería Xuntanza duró pocos años, pero pronto abrieron la Michelena que desde hace casi treinta años es mi librería preferida, y Felipe, uno de sus dueños, mi librero favorito, de esos que no necesitan el ordenador y al que da gusto escuchar recomendándole un libro a una jovencita que le pide consejo. Si voy un sábado, coincido con Miguel Cuña que acude sin falta (porque pasan lista, es broma, o no) a procurarse el libro para el fin de semana, normalmente de historia, de filosofía o de poesía. Es una librería viva, donde, llegado el caso, puede discutirse a voces, como aquel día, hace ya un cuarto de siglo, cuando le concedieron a Luis Buñuel la Gran Cruz de Isabel la Católica, en 1983, y se produjo un encendido debate que iba y venía a lo largo del pasadizo forrado de libros que viene siendo la Michelena, sobre si don Luis debía haber rehusado la condecoración. En fin, tiempos…

En París, 1943

En A Coruña empecé a frecuentar las librerías de viejo, sobre todo O Moucho en la Calle de la Amargura. Allí encontré las primeras decenas de novelas duras de Simenon: María, la del puerto, Los Pitard, Las hermanas Lacroix, Lluvia, Domingo. Todo empezó un día que dormimos en casa de Carlos Amil, allá por el 91, y me puso en las manos Strip tease, el primer chute de una larga adicción. Comparto con Pepe Coira el aquel de frecuentar estas librerías de aluvión. Raúl Dans no las pisa, empieza a imaginarse qué hicieron con las manos los que manosearon los libros de, valga la redundancia, segunda mano y le da reparo, o repelú directamente.

Georges Simenon

En Madrid, me gusta la librería Gulliver, de Manolo Domínguez, también conocido como Manolo Gulliver. Sale a menudo en el Salón de pasos perdidos de Andrés Trapiello, otro que tal baila: cuando llega a cualquier ciudad -adonde le llevan los bolos literarios-, lo primero que busca es una librería de viejo. La Gulliver es pequeña y muy, pero que muy ordenada, parece la bodega de un barco varado en el Madrid de los Austrias, silenciosa, recoleta, con un aura de logia o hermandad de los engolfados en el vicio de la lectura.


Librería Lello en Porto

Por eso no me gusta la librería Lello de Porto. El lugar es puro escenario, pero en lo que a libros se refiere resulta decepcionante. Si se quiere una librería librería en Porto hay que ir a la Leitura. Tampoco me gustaría El Ateneo de Buenos Aires por más que tenga muchísimos libros, pero una librería no es un teatro, es más bien un antro de perdición para quienes aman los libros con los cinco sentidos, o con los seis, si vamos a eso. Una librería como la Shakespeare and Co, donde uno puede quedarse a leer en una escalera, apoyado en unas estanterías o en el suelo, una librería que te acoge y te envuelve con las promesas más hermosas, y toda una leyenda.


Librería Shakespeare and Co. en París

Y la Strand de Nueva York, desde luego, donde por primera vez en mi vida me arrepentí dolorosamente por no saber inglés: tener en mis manos los “memos” de David O. Selznick o de Darryl Zanuck, la autobiografía de Billy Bitzer, las memorias de Robert Parrish… en fin,


se me hacía la boca agua, y no poder leerlos. Pero me los traje, por supuesto, para mi hijo, que sí puede leerlos, con la condición de que me los cuente; la verdad, es un placer escucharle contar un libro, como aquellos días en que me iba contando lo que leía en una biografía de Fritz Lang que aún no tradujeron. Armarse de una cesta o dos, echar mano a una escalera y recorrer los anaqueles interminables de la Strand era lo más parecido al paraíso de los libros de cine y fotografía -y de los otros, claro- que existe. Y además, tan baratos... Dejémoslo aquí.


Librería Strand en Nueva York

Por si fuera menester traigo aquí una lista elaborada por el diario londinense The Guardian de las librerías más bellas del mundo:

Boekhandel Selexyz Dominicanen, en Maastricht.



El Ateneo, en Buenos Aires.
La Librería Lello Porto en Portugal
Secret Headquarters comic bookstore en Los Ángeles
Borders en Glasgow
Scarthin en el Peak District
La Posada en Bruselas



El Péndulo en México




Keibunsya en Kyoto

Y de las mejores librerías de viejo:



Atlantis Books, Oia, Isla de Santorini, Grecia



Shakespeare and. Co, 37 rue de la Bucherie, Paris
Bookastbookshop, 17 Pitfield St, Londres
Clovis Press, 229 Bedford Avenue, Brooklyn, Nueva York
Calder Bookshop, 51 The Cut, Londres
La Bouquinèrie, 88 La Canebiere, Marsella
City Lights, 261 Columbus Avenue, San Francisco
This Ain't The Rosedale Library, 483 Church Street, Toronto
Abbey Books, 29 rue de la Parcheminerie, Paris.
Compendium Books (ahora cerrada), 234 Camden High Street, Londres


Librería-Café en Lima (Perú)

3 comentarios:

  1. Não sou nada.
    Nunca serei nada.
    Não posso querer ser nada.
    À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo.

    Álvaro de Campos (do poema Tabacaría)

    M.Brel

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  2. quiero hacer una aclaración, la librería café, ksa tomada se encuentra en la cuidad de Lima.
    =)

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  3. Gracias por la aclaración sobre la librería café ksa tomada. Con fecha de hoy, queda corregida la ubicación: en Lima (Perú).

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