18/12/10

Un viaje por la memoria del cine

Si éste fuera un país que respetara el cine... Ya empecé con la misma subordinada otro día. Y ahora se me ocurren varias posibilidades para la principal. Por ejemplo, un ministro de educación defendería la proyección de las películas en versión original por la misma razón que combatiría la amputación de El jardín de las delicias, es decir, porque defendería siempre la integridad de una obra de arte, y no porque la versión original mejore el conocimiento de idiomas. Pero el ministro de educación y tantos contribuyentes piensan que el cine es, sobre todo, un medio de entretenimiento, porque, si el público pensara que es un arte, en los medios el cine recibiría otro tratamiento. Bastará un ejemplo.

Víctor Erice y Alain Begala en Gijón

El pasado día 23 de noviembre se proyectó en el Festival de Cine de Gijón  Víctor Erice: París-Madrid, Allers-Retours de Alain Bergala, una pieza de 67 minutos de duración que forma parte de Cineastas de nuestro tiempo, la serie impulsada por Janine Bazin -la mujer de André Bazin- y André S. Labarthe en 1964. Ya comenté aquí la película sobre Víctor Erice, pero la proyección de Gijón tenía carácter de estreno en España y, al final, los espectadores pudieron mantener un coloquio con el cineasta -que no prodiga precisamente su presencia- y con Alain Bergala. Quizá convenga señalar que la serie Cineastas de nuestro tiempo incluye piezas sobre John Ford, Jean Renoir, Fritz Lang, Erich Rohmer o Andrei Tarkovski; se trata, por tanto, de una serie que merece el adjetivo de mítica. Si a eso añadimos que hablamos de Víctor Erice, el más grande de los cineastas españoles, pero sobre todo un artista fundamental de nuestro tiempo y el autor de algunas de las obras más hermosas de la historia del cine, entonces resulta imperdonable que el estreno en Gijón de la película sobre su mirada haya encontrado cobertura únicamente en los llamados periódicos de provincias -¡bien por ellos!-, y demuestra de forma palmaria que en este país no se respeta el cine ni, sobra decirlo, se lo considera un arte.

No pudiendo asistir a ese estreno -y bien que lo sentí- me entero, gracias a los periódicos de provincias -¡mil gracias!-, de lo que Víctor Erice contó en el coloquio con los espectadores que asistieron a la proyección de la película de Alain Bergala, por ejemplo que eligió rodar en los alrededores de Llanes su película Alumbramiento -incluida en Ten Minutes Older- para poder captar la manera tradicional de segar que había visto en su niñez: Es casi una manera de hacer arqueología, algo de lo que se sirve el cine para capturar el tiempo. Hubiera sigo un cierre perfecto para la entrada de la guadaña.

A los futuros cineastas que lo escuchan les transmite su mirada sobre el cine, quizá porque tiene la conciencia de que, por edad y trayectoria vital, mi camino como cinéfilo y cineasta está a punto de desaparecer, por eso creo que es importante dejar mi pequeño testimonio a los jóvenes que empiezan. Y por eso les advierte que el cine es un medio de conocimiento, que rodar una película significa salir al encuentro con lo desconocido, que el cine no es una cuestión de imágenes sino de planos, donde respiran las imágenes; que la belleza de un plano, su justificación, es algo muy distinto a la belleza de una imagen. Quizá, apremiado por la urgencia de decir lo esencial, Erice no cae en la cuenta de que puede llevar años comprender el valor de un plano y, quién sabe si toda una vida, que el cine se juega entre un plano y el que le sigue, porque ahí, en esas junturas, quien respira es el cine.


Víctor Erice sigue rodando en solitario con su mini-DV un proyecto que puede verse como un diario de viaje por los lugares donde se rodaron aquellas películas fundacionales en su formación como cinéfilo y cineasta: la casa de Anna Magnani en Roma, città aperta de Rossellini, la calle Montcada donde André Malraux rodó algunas escenas de Sierra de Teruel (Espoir), la estación de Lyon donde Bresson rodó algunas secuencias de Pickpoket, la calle donde muere Michel Poiccard en À bout de souffle de Godard... Una escritura cinematográfica que hilvana las huellas del cine en los lugares de la memoria de espectador, una verdadera topografía de las emociones cinéfilas. Quizá porque, ante la polución audiovisual, hay que partir a la busca de las imágenes primordiales en un viaje por la memoria del cine.

Cuando terminó el coloquio, los espectadores fueron saliendo, tras la noche del cine, a la noche de Gijón. Algunos se quedaron en las butacas, quizá aguardando el momento de acercarse al cineasta, quizá buscando en su interior las palabras que acierten a cifrar lo que sus películas significan para ellos -sé lo inútil que resulta-, quizá simplemente para saludarlo aunque quisieran abrazarlo para que no se sienta tan solo, o quién sabe si tratan de recomponerse después de las emociones vividas e irse sin romper el velo de silencio que lo envuelve. Entonces, una mujer se levanta en una de las últimas filas y desde el fondo de la sala se acerca a Víctor Erice. Es Ana Torrent, la protagonista de El espíritu de la colmena, que casi cuarenta años después preside el jurado del Festival de Cine de Gijón. Y se funden en un abrazo.

Ana Torrent en El espíritu de la colmena

Supongo que nada de esto era lo suficientemente importante para ser contado en los periódicos e informativos nacionales. Como tampoco, por lo visto, el propio Festival de Cine de Gijón, quizá porque su programación se nutre de las películas menos comerciales, de los autores que buscan su filiación en el cine como arte más que en el cine como industria, o dicho de otra forma, en el cine que sale al encuentro con lo desconocido, tal como lo entiende Víctor Erice. Dudé si contarlo aquí, pero era demasiado precioso como para no ser contado en esta escuela. No me lo perdonarían los dioses lares del cine.

3 comentarios:

  1. El cine es un arte que llega a todos los públicos y eso es lo bueno.
    ¿Qué es lo que hace del cine un arte?¿Los planos? ¿la música?¿El decorado?¿Los actores?¿la fotografía ?¿las localizaciones ?¿los guiones?...¿La composición de todos ellos en la genialidad del director? o ¿los ojos de los que miran?
    El cine es un arte,el arte de hacer buenas películas,claro que en dicho concepto intervienen los gustos de los espectadores , su nivel cultural, otros aspectos sociales del cine:la diversión ,el entretenimiento...y por desgracia en muchas ocasiones de la publicidad
    Gracias por publicarlo
    Un saludo

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  2. He podido ver la película de Bergala y participar en el coloquio posterior con Víctor Erice el pasado mes en Gijón y ha sido francamente emocionante. Cumpliendo todas mis expectativas, fue una auténtica lección sobre arte, cine, sentimientos, emociones y muchas más cosas que pudimos sentir los que nos encontrábamos allí, viviendo este testimonio de renuncia y frustración con la industria cinematógrafica que no supo estar a la altura de sus circunstancias y proyectos, o por lo menos así lo he sentido yo. Sí creo que el festival le dió el reconocimiento y la importancia que se merecía, y buceando en la programación siempre existen películas, documentales, proyectos con un estilo que quizás no sea el que sale mayoritariamente en la imagen de marca del festival, pero que se elige conscientemente y con gran emoción por parte de los programadores. He tenido la circunstancia de ser de un pueblo de Asturias y poder vivir este festival desde que era pequeño, cuando era festival de la infancia y la juventud y se hacía en julio, aunque no pude participar habitualmente por diferentes motivos y vivencias en otras ciudades, y este año ha sido para mí uno de los más importantes, entre otras cosas por la presencia de Erice en Gijón. Gracias al festival y enhorabuena por tu blog que espero seguir habitualmente.

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