25/9/11

Jugársela


De la cineasta francesa Claire Denis apenas conozco tres películas -las tres muy buenas-, White Material (2009) -la primera película suya distribuida aquí (este verano) con el título (oportunista) de Una mujer en África ("Basura blanca", debería haberse titulado)-, Vendredi soir (2002) -o sea, "Viernes noche"- y Trouble Every Day (2001) -podría traducirse como "Problemas a diario"-, una película de amor (canibal) que me gustó mucho. Antes de dirigir su primer largometraje en 1988 había trabajado como ayudante de dirección con Jacques Rivette, Wim Wenders o Jim Jarmusch. En el rodaje de de París-Texas (1984), coincidió con Agnès Godard, a la sazón ayudante de cámara de Robby Müller, que se convertirá en su directora de fotografía habitual desde J'ai pas sommeil en 1994.


El crítico de cine argentino Quintín (Eduardo Antín) -fundador de la revista El amante y director del BAFICI entre 2001 y 2004- y Claire Denis se conocieron en 2002 cuando formaron parte del jurado del Festival de Cine de Pusan en Corea del Sur. Cuenta Quintín que fue una semana inolvidable, con jornadas que culminaban a las cinco de la mañana bebiendo en el mercado del pescado. Había unas pocas películas que ver y muchas horas para deambular, charlar y beber. El festival soñado, vamos. Una de aquellas tardes Claire Denis les contó a Quintín y compañía una anécdota de Wim Wenders durante el rodaje de París-Texas. Y Quintín la refirió en Dos o tres cosas que sé de ella, título godardiano para un texto incluido en el libro Claire Denis, fusión fría, promovido por el Festival de Cine de Gijón en 2005, cuando le dedicó una retrospectiva a la cineasta.

Claire Denis

El caso es que Wim Wenders andaba asfixiado de dinero durante el rodaje de París-Texas, cuando necesitó contratar transporte para el equipo. El sindicato de camioneros le exigió que contratara muchos más de los que el cineasta podía pagar. Y no se avenía a rebajas. Es más, haciendo honor a la acreditada solera mafiosa que le precedía, el sindicato amenazó a Wenders con paralizar el rodaje si no daba el brazo a torcer. Entonces la gente del equipo se quedó turulata cuando Wenders -es que hay que verle la pinta- desafió al tipo del sindicato a jugarse al póquer el salario de los camioneros que debía contratar según sus exigencias. Y le ganó. No sólo el dinero para pagar a los transportistas, también el respeto del matón.

Wim Wenders

En mi catedral del cine le tengo dedicada una capilla al director de Alicia en las ciudades o En el curso del tiempo, y me gustó saber que además tenía redaños. Se ve que los dioses lares del cine no abandonaron a Wenders; por milagros así les sigue uno poniendo velas. Y también se ve que agotó (casi toda) la gracia que podía merecer al jugársela por París-Texas. Ojalá tuviera que tragarme estas palabras; pero, en todo caso, que le quiten lo bailado.

2 comentarios:

  1. Ola Daniel, desde hace poco leo tu blog y me ecanta. Me encantaría que nos regalaras unaa lista para un ciclo de cine casero que vamos a hacer unos amigos. Podrías? No queremos ver un tipo de cine concreto si no empezar a disfrutar, nada mas.
    Gracias por adelantado.

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  2. Me han gustado las tres pintas de esta entrada, pero casi que me quedo con la primera; pero claro, es cine.

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