5/1/14

Emoción se escribe con V



¿Cómo atreverse a nombrar la más bella cuando hablamos de una película de Mizoguchi (o de Ford, Renoir, Lang, Murnau, Lubitsch...), si al instante asaltan el palacio de la memoria otras diez maravillas que merecen un lugar en el altar mayor del cine? ¿Cómo elegir entre Los amantes crucificados y Cuentos de la luna pálida de agosto? ¿O entre Historia de los crisantemos tardíos y El intendente Sansho? ¿O entre Vida de Oharu, mujer galante y Osen, de las cigüeñas..? Dejemos aquí la retahíla. La última película de Mizoguchi que nos deslumbró fue La honorable señora Oyu (1951).


Hice por verla desde que leí el texto que le dedicó Serge Daney, una pieza que figura entre sus más bellas páginas, que ya es decir; me aprendí de memoria estas líneas: "Con Mizoguchi, estos tres componentes (la punzada de dolor, el coraje de la lucidez y la belleza vuelta extraña y aun terrible) caminan con el mismo paso. Tal es la razón de que sus filmes sean desgarradores. Tal es la razón de que La honorable señora Oyu sea sublime". (Y en el último párrafo avisa a propósito de Mizoguchi: "espero que todo el mundo sepa que se trata de uno de los gigantes del cine". No vaya a ser que aún queden despistados por ahí.)


La hemos visto una vez al año, desde que la encontré, pero este último dos o tres. Y aun otras para saborear la apertura en el bosque cuando Shinosuke (Yuri Hori) ve a Oyu (Kinuyo Tanaka) por primera vez... y se enamora hasta los huesos.


O la escena del encuentro de Shinosuke con Oyu ahogada por un golpe de calor en una calle ardiente.




O... Otra vez el arrebato, la retahíla. ¿La más bella de las películas de Mizo-san, como llamaba al cineasta su fiel guionista Yoda, el de la santa paciencia? Cómo atreverse... Desde luego ninguna de sus maravillas más bella que La honorable señorita Oyu, uno de sus admirables -fascinantes- retratos de mujeres.


Ante una película así -iluminada por el gran Kazuo Miyagawa- donde cada percepción se transfigura en emoción, donde el trabajo de los ojos se conjuga con el trabajo del corazón, uno siente cumplida la promesa del cine de la infancia, que cuanto podía esperar del cine se cifra en la emoción que depara el cine de Mizo-san, un cine pespuntado con planos largos, planos sostenidos, planos que -por así decir- se desenrollan como los emaki (esas pinturas japonesas que se despliegan horizontalmente). 


La figura primordial de la emoción en el cine de Mizo-san forma una V con las trayectorias de la cámara y los personajes, una V trazada por el movimiento (lateral) de la cámara en un eje oblicuo respecto al desplazamiento de los personajes, que, a su vez, se alejan (como si huyeran del otro o de sí mismos) o se acercan -como en una porfía de las almas-, trazando así otra V, a modo de hilván de las estaciones -rimas, simetrías- que amojonan el desarrollo de la situación. La honorable señora Oyu  deviene una exquisita caligrafía de uves.  


La noche de bodas: Oshizu (Nobuco Otawa), la hermana pequeña de Oyu se ha casado con Shinosuke. (Oyu es viuda, pero también madre del heredero de una poderosa familia, así que no puede volver a casarse.) Oshizu lo sabe todo... Un triángulo con tres vértices incandescente. Y tres uves. Vamos a recorrer (hoy) las estaciones -ese calvario- de la primera V...


Llega Shinosuke. Oshizu tiene algo muy importante que decirle.


Sólo se casó con él para guardar las apariencias.


Ella se incorpora. La cámara la acompaña.


Él la sigue un poco después y se queda más atrás (en oblicuo respecto a ella). Oshizu continúa la confesión: Sólo se casó con él para hacer feliz a su hermana, y no se va a acostar con él. Fingirán ser un matrimonio. Sabe que Oyu y Shinosuke están enamorados: hasta ahora su hermana frustró sus ocasiones para casarse (no quería quedarse sola, que la boda de Oshizu las separara), pero esta vez no puso inconveniente, porque no sólo no la perdería a ella sino que encontraría en él a un nuevo hermano.


Oshizu vuelve a incorporarse  (y la cámara con ella). Él la sigue. (La cámara sigue manteniendo un eje oblicuo respecto a la pareja.)


Oshizu tiene algo más que decirle: su hermana irradia felicidad desde que lo conoció.


Shinosuke quiere quitárselo de la cabeza pero sin convicción: son imaginaciones tuyas.


Oshizu se arrodilla (la cámara acompaña el movimiento).


Él la imita. Shinosuke le recuerda que, aun así, el matrimonio comporta ciertos deberes; que piense en su hermana no es una razón para que lo rechace.


Ella pone las cartas boca arriba: a Shinosuke le gusta Oyu y sólo se casó con Oshizu para estar cerca de ella. Le ruega que no le oculte sus sentimientos.


El se levanta (y esta vez la cámara lo acompaña).


Ella se incorpora. (La cámara sigue manteniendo un eje oblicuo respecto a ellos.) Entonces Shinosuke admite que le gusta Oyu, pero le asegura que la considera como una hermana; así que...


El se arrodilla, pero la cámara no lo acompaña...


Sólo se mueve cuando lo hace Oshizu. (La oblicuidad se mantiene.) Ella le confiesa la razón última -e íntima- de la boda: evitar la separación de Oyu y Shinosuke; de ahora en adelante Oshizu será para él como una hermana menor. Shinosuke le pide que lo reconsidere, le parece injusto que sacrifique toda su vida por su hermana.


Oshizu le hace ver que las dos están en la misma situación: atadas por severas normas familiares. Y le ruega que haga feliz a su hermana: si realmente la quiere, debe estar de acuerdo con lo que le propone.


Shinosuke hace un último intento: entonces ¿no le importa vivir como una monja?


Oshizu se derrumba: no le importa nada, dice, mientras solloza y se gira hacia la izquierda (y la cámara con ella).


Shinosuke se incorpora, desolado. Fundido negro. (Basta trazar mentalmente la línea de la trayectoria de la cámara y la correspondiente al desplazamiento de los personajes para dibujar esa forma primordial de la puesta en escena de Mizoguchi.)


Sí, en el cine de Mizo-san, emoción se escribe con V.

No hay comentarios:

Publicar un comentario